Enfrentado a la peor invasión de langostas en 25 años, que devastó los cultivos y amenaza la seguridad alimentaria, Pakistán desarrolló un proyecto piloto para transformar estos insectos ricos en proteínas en alimentos para pollos.

Una primera prueba se realizó en febrero, cuando a los aldeanos se les pagaba por recolectar langostas en el distrito de Okara, en el centro del país, donde los cultivos no utilizan pesticidas, ya que el uso de esos químicos habría hecho que los insectos no fueran aptos para el consumo.

“Primero tuvimos que (…) enseñar a los lugareños cómo atrapar las langostas. Las redes son inútiles contra ellas”, comenta Muhammad Khurshid, un funcionario del Ministerio de Alimentos, coordinador de la iniciativa.

Se las atrapa durante la noche, una por una, cuando los enjambres, aprovechando las temperaturas más frías, descansan en los árboles y las plantas, explica.

Por cada kilo de langosta, los granjeros reciben 20 rupias de Pakistán (12 centavos de dólar). Para ellos es además una especie de revancha ya que las langostas devoraron sus plantaciones.

AFP
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“Las langostas han devorado todos mis cereales”, lamenta una campesina que con la colecta del día ganó unas 1.600 rupias (poco menos de 10 dólares).

El empeño de los granjeros, que colectaron 20 toneladas de langostas, agotó por el momento el presupuesto del proyecto.

Las langostas, desmenuzadas y secas, se agregaron a la alimentación de aves de corral por la mayor empresa productora de alimento para animales de en el país, Hi-tech Feeds. La nueva mezcla ha sido probada en 500 pollos.

Dificultades

“No ha habido problemas”, dice Muhammad Athar, gerente general de la empresa. Las langostas del desierto, ricas en proteínas, “tienen un buen potencial para su uso en la alimentación de aves de corral”, agrega.

Aunque el proyecto piloto no es una solución a la devastación de los cultivos, puede proporcionar a los agricultores una fuente alternativa de ingresos y aliviar a las autoridades que luchan por distribuir pesticidas contra las langostas.

En junio, el primer ministro, Imran Khan, aprobó un plan para expandir el proyecto, ya que Pakistán tuvo el peor ataque de langostas en 25 años.

Según la ONU, las fuertes lluvias y los ciclones han provocado una multiplicación “sin precedentes” de enjambres el año pasado en la Península Arábiga.

La crisis es tan grave que el gobierno ha declarado el fenómeno como una emergencia nacional y ha pedido ayuda a la comunidad internacional.

Los plátanos, los mangos y otros cultivos de hortalizas son vulnerables, lo que aumenta el temor de que produzca una escasez de alimentos. Además, las exportaciones de trigo y algodón proporcionan ingresos vitales para Pakistán, una economía agobiada por la pandemia del nuevo coronavirus.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Pakistán podría sufrir pérdidas de alrededor de 5.000 millones de dólares si se afecta el 25% de sus cultivos.

La reducción de los cultivos también podría elevar los precios y agravar la inseguridad alimentaria de un país donde alrededor del 20% de la población ya está desnutrida, y casi la mitad de los niños menores de cinco años experimentan retrasos de crecimiento, según cifras del Programa Mundial de Alimentos.

Las langostas también causaron graves daños en el noroeste de la India, vecino de Pakistán, además de devas.

 

Fuente: biobiochile.cl